En el capitulo leído se desarrollan varios temas de sumo interés a la vista de un aprendiz de sabio, que supongo que es a lo que aspiramos todos los que estudiamos esta carrera: aprender. Me gustaría tratar este tema con especial hincapié pues me resulta cómodamente cercano y de especial interés.
En el libro “El taller de la filosofía” se menciona la necesidad de aprender a contemplar de forma pausada. Y ante esto me veo en la obligación de mostrar mi postura a favor de dicho enunciado, ciertamente creo que es uno de los mejores métodos de aprendizaje. En verdad, me considero una persona a la que le queda mucho por ver en la vida, o por lo menos así lo espero, pero esto me hace pensar sobre el valor del ejemplo que me da mi familia. Siempre he pensado que si me preguntaran cómo quiero ser de mayor, respondería sin titubear y sin dar pie a cualquier otro indicio de duda, que mi mayor aspiración en la vida sería parecerme aunque fuera tan solo un atisbo a mis padres, con eso me bastaría.
Realmente puede parecer una aspiración débil y algo limitada, pero para mí no lo es. Quizá el problema sea que tengo la imagen de mis padres extremadamente idealizada y no lo niego, pues sería un grave error, pero también opino, desde una visión inexperta, que el hombre necesita motivaciones para avanzar en su aprendizaje y para mi, la figura de de mis padres y la felicidad que irradian es la mayor de las motivaciones.
Mi madre siempre me dice que es un planteamiento de vida equivocado puesto que no debo aspirar a ser como ellos sino que debo ser mejor y aunque resulte redundantemente engreído, creo firmemente que lo conseguiré pues ellos son los que me han otorgado los utensilios necesarios para alcanzar dicha meta y no dejar nunca de luchar por unos ideales que deben ir en aumento día a día. Muchas veces no comprenden mi conformismo ante sus ejemplares figuras e insiste humildemente en que no debo retener sus defectos, visión de la que discrepo. Ciertamente no quiero ver en mí los defectos de mis padres, pero me alegra haberlos visto en ellos, pues de lo contrario nunca hubiera sabido cómo evitarlos y aunque poseo vicios desgarradoramente peores que los de mis padres, espero no cometerlos y si alguna vez consigo mi objetivo, es gracias a ellos que me enseñaron con su vida un camino virtuoso.
Con razón, resulta un tema cursi que siempre consigue emocionarme, pues mis padres nunca han fardado de virtud ni mucho menos, pero gracias a una visión atenta y pausada he sido capaz de captar muchos aspectos de la vida de mis progenitores de los que ni siquiera ellos son conscientes, pues yo poseo la ventaja de una mirada objetiva ante sus vidas. Y echando un vistazo hacia atrás puedo afirmar rotundamente y con la cabeza erguida ante el orgullo que me invade, que la mayor fuente de conocimiento han sido, sin remedio alguno, mis padres.
Mas adelante el libro también menciona la destacada importancia que debe jugar en nuestras vidas el afán de conocimiento propio que consecuentemente nos conducirá hacia un anhelo incesante de autosuperación. Y es que, como bien sigue comentando el texto, cada uno no es como es, sino como quiere ser, y si hay algo en la vida que tengo claro es que quiero ser como mis padres incluso soberbiamente mejor, aunque ese es un concepto que me resulta difícil de concebir porque aun siendo consciente de mi subjetividad no puedo omitir que para mí no existe ni existirá nunca nadie mejor q mis padres, y esto es un hecho.
Pero volviendo al punto de partida cabe finalmente destacar que el aprendiz de sabio no solo aprende a progresar observando experiencias ajenas, sino que debe ser capaz de hacerlo fomentando su espontaneidad, reflexión y corazón. Curiosamente estas son cualidades que también he aprendido de mis progenitores. Sin embargo considero que cabe todavía otra cualidad por destacar. Mi padre en su profesión de artista me ha demostrado siempre un amor incondicional hacía y en su trabajo. Ama la vida y todo lo que ella conlleva; los paisajes y rasgos faciales que ante cualquier otro ojo humano resultan rutinarios e incluso aburridos, para mi padre son todo un mundo de belleza por descubrir y ello queda plasmado en sus obras. Realmente me gustaría poseer algo así en mi vida, pues lo considero indispensable para cualquier hombre, el ser capaz de asombrarse cada día por cosas q contemplamos a diario. Esto es algo que el filósofo tampoco debe descuidar pues a mi juicio personal, si carece de esta ilusión nunca llegará ni siquiera a ser aprendiz de sabio.
En el libro “El taller de la filosofía” se menciona la necesidad de aprender a contemplar de forma pausada. Y ante esto me veo en la obligación de mostrar mi postura a favor de dicho enunciado, ciertamente creo que es uno de los mejores métodos de aprendizaje. En verdad, me considero una persona a la que le queda mucho por ver en la vida, o por lo menos así lo espero, pero esto me hace pensar sobre el valor del ejemplo que me da mi familia. Siempre he pensado que si me preguntaran cómo quiero ser de mayor, respondería sin titubear y sin dar pie a cualquier otro indicio de duda, que mi mayor aspiración en la vida sería parecerme aunque fuera tan solo un atisbo a mis padres, con eso me bastaría.
Realmente puede parecer una aspiración débil y algo limitada, pero para mí no lo es. Quizá el problema sea que tengo la imagen de mis padres extremadamente idealizada y no lo niego, pues sería un grave error, pero también opino, desde una visión inexperta, que el hombre necesita motivaciones para avanzar en su aprendizaje y para mi, la figura de de mis padres y la felicidad que irradian es la mayor de las motivaciones.
Mi madre siempre me dice que es un planteamiento de vida equivocado puesto que no debo aspirar a ser como ellos sino que debo ser mejor y aunque resulte redundantemente engreído, creo firmemente que lo conseguiré pues ellos son los que me han otorgado los utensilios necesarios para alcanzar dicha meta y no dejar nunca de luchar por unos ideales que deben ir en aumento día a día. Muchas veces no comprenden mi conformismo ante sus ejemplares figuras e insiste humildemente en que no debo retener sus defectos, visión de la que discrepo. Ciertamente no quiero ver en mí los defectos de mis padres, pero me alegra haberlos visto en ellos, pues de lo contrario nunca hubiera sabido cómo evitarlos y aunque poseo vicios desgarradoramente peores que los de mis padres, espero no cometerlos y si alguna vez consigo mi objetivo, es gracias a ellos que me enseñaron con su vida un camino virtuoso.
Con razón, resulta un tema cursi que siempre consigue emocionarme, pues mis padres nunca han fardado de virtud ni mucho menos, pero gracias a una visión atenta y pausada he sido capaz de captar muchos aspectos de la vida de mis progenitores de los que ni siquiera ellos son conscientes, pues yo poseo la ventaja de una mirada objetiva ante sus vidas. Y echando un vistazo hacia atrás puedo afirmar rotundamente y con la cabeza erguida ante el orgullo que me invade, que la mayor fuente de conocimiento han sido, sin remedio alguno, mis padres.
Mas adelante el libro también menciona la destacada importancia que debe jugar en nuestras vidas el afán de conocimiento propio que consecuentemente nos conducirá hacia un anhelo incesante de autosuperación. Y es que, como bien sigue comentando el texto, cada uno no es como es, sino como quiere ser, y si hay algo en la vida que tengo claro es que quiero ser como mis padres incluso soberbiamente mejor, aunque ese es un concepto que me resulta difícil de concebir porque aun siendo consciente de mi subjetividad no puedo omitir que para mí no existe ni existirá nunca nadie mejor q mis padres, y esto es un hecho.
Pero volviendo al punto de partida cabe finalmente destacar que el aprendiz de sabio no solo aprende a progresar observando experiencias ajenas, sino que debe ser capaz de hacerlo fomentando su espontaneidad, reflexión y corazón. Curiosamente estas son cualidades que también he aprendido de mis progenitores. Sin embargo considero que cabe todavía otra cualidad por destacar. Mi padre en su profesión de artista me ha demostrado siempre un amor incondicional hacía y en su trabajo. Ama la vida y todo lo que ella conlleva; los paisajes y rasgos faciales que ante cualquier otro ojo humano resultan rutinarios e incluso aburridos, para mi padre son todo un mundo de belleza por descubrir y ello queda plasmado en sus obras. Realmente me gustaría poseer algo así en mi vida, pues lo considero indispensable para cualquier hombre, el ser capaz de asombrarse cada día por cosas q contemplamos a diario. Esto es algo que el filósofo tampoco debe descuidar pues a mi juicio personal, si carece de esta ilusión nunca llegará ni siquiera a ser aprendiz de sabio.
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