domingo, 25 de mayo de 2008

Hablame de ti

He de reconocer, lo mucho q me gustó el ensayo de Ana, ciertamente me conmovió muchísimo. Y no solo la historia sino también el estilo, fueron los culpables de que mi piel se transformara en duras escarpias y que un puntiagudo escalofrío como sime encontrara en el Polo Norte, recorriera mi cuerpo al escuchar palabras de cariño objetivo hacia la figura de su abuela. Al recordar esta reacción al final del día, me di cuenta de que lo que realmente me emociona y me gusta leer son las historias emotivas, narraciones sencillas y tiernas que hagan estremecer mi corazón y con dulces palabras sean capaces de dibujar en mí una sonrisa cada vez q acuden a mi cabeza. Por desgracia eso es algo difícil de conseguir y por esa misma razón se trata de un tesoro tan valioso. Impulsada por este mismo motivo me gustaría ser capaz de escribir cosas así, pequeños cofres de ilusión y alegría q encierren en ellos grandes joyas literarias capaces de hacer viajar al lector hasta lo mas profundo de ciertos sentimientos q ni siquiera era consciente de que podría experimentar.

Y para seguir rizando el rizo, ¿Cuántas veces has sido capaz de emocionarte tanto con una novela que no has podido de dejar el pañuelo ni por un segundo? Quizá tú tienes mas suerte que yo y eso te ha ocurrido ya en varias ocasiones, pero debo reconocer que en mi caso tan solo me ha ocurrido una vez. También es necesario aclarar que no soy una empedernida e insaciable lectora, pero por lo general estoy segura de que este es un fenómeno poco corriente en la sociedad actual. Puede ser que con tanta televisión sea cada vez mas difícil emocionarnos con una buena novela, pero resulta tan crudo y cierto como la vida misma que es mucho mas fácil y corriente emocionarnos con una buena película: esta claro que “una imagen vale mas que mil palabras” pues éstas siempre son más impactantes y penetrantes que un largo párrafo en el que la imaginación juega un papel crucial, sin embargo yo soy una de esas ilusas personas que piensan que una bonita palabra escogida en el preciso momento y en su contexto adecuado, cubierta por una suave capa de terciopelo, es capaz de cambiar el mundo entero. Eso es lo que a mi me gustaría ser capaz de hacer, puede ser que no lo logre nunca pues se trata de una ardua tarea en la que pocos autores han sido capaces de salir victoriosos, sin embargo creo que poder dominar el arte de una escritura emotiva desde cualquier punto de vista objetivo, es decir, ser capaz de aplatanar hasta el mas duro y frío de los corazones agrietados por las duras experiencias de la cruel vida, es un arte por el que merece la pena luchar hasta alcanzarlo.

Últimamente en mi casa vemos películas sin parar, resulta enfermiza la frecuencia adictiva con la que noche tras noche, después de cenar, una fiel amiga y yo nos plantamos en una habitación y sacrificamos dos horas de nuestro tiempo de descanso nocturno solo para vivir grandes aventuras y llorar con las desgracias o fortunas de otros personajes, filmografías capaces de hacernos viajar “hasta el infinito y más allá”. Y otras veces si no vemos películas, pasamos muchas más largas horas hablando de experiencias infantiles, compartiendo nuestros más íntimos secretos o simplemente informándonos las unas a las otras sobre nuestro monótono aunque increíble día de aventuras. El caso es que en ambas ocasiones somos capaces de emocionarnos y exaltarnos por vivencias ajenas, incluso cuando nosotras mismas contamos nuestro simple pero emocionante día en la universidad, cargado de risas y sollozos. Y es que otra forma de emocionarse son las vivencias personales, ahora mientras escribo este pequeño e insignificante ensayo, escucho una canción de los Pecos que dice así: “háblame de ti, de tu ansiedad, de la eternidad…”. Al escucharla relaciono estrechamente la amistad con la escritura emotiva, solo donde se establecen fuertes lazos de amor con otras personas se es capaz de llorar y reír como si de tus propias carnes se tratara. Que impresionantemente aferradores pueden llegar a ser esos lazos de amistad, pues bien, de eso se trata en la escritura emotiva, de crear unos lazos estrechamente vinculantes entre el lector y el personaje que se encamina inocente hacia el desconocido y peligroso matorral de la vida. Esta es una técnica a la que muchos escritores famosos recurren pero que aun y así, pocos son capaces de exprimir todo el jugo. Es cierto que es imposible que alguien se encariñe con un personaje al que desconocen, por ello es tan importante la descripción detallada de la personalidad del protagonista. Sin embargo esto es mucho mas difícil de lo que parece, pues no todos somos capaces de dibujar emociones sobre un papel, no con acuarelas, sino con palabras. Yo personalmente lo considero un don, algo innato en afortunadas personas y que mas tardíamente muy pocas son capaces de adquirir. Con esto no quiero desanimaros, ni mucho menos, aunque haya podido dar esa impresión, pero considero necesario que haya personas que se dediquen a intentarlo, y con la práctica y la experiencia puedan alcanzar la gloria de ser un gran escritor.

“Arduo y difícil es el camino joven padabuein” decía el gracioso y sabio Yoda en la saga de Star Wars, pero os aseguro que merece la pena. Espero toparme en un futuro cercano con alguna de vuestras novelas, y que sea capaz de estremecer mi corazón con una sola frase.

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