jueves, 29 de mayo de 2008

La felicidad del hombre actual

“Cuando se considera lo que los hombres, por término medio, quieren decir al hablar de felicidad – en los deseos que unos a otros se expresan con ocasión de bodas, onomásticas, en las despedidas, por Año Nuevo (¡Feliz Año Nuevo!), en las numerosas historias que se ofrecen al lector, al espectador, al oyente, al consumidor por la industria de esparcimientos, en las que se habla de una felicidad conminada, envidiada y finalmente conquistada, en las canciones, que no dejan lugar a dudas sobre lo que significa hacer a un hombre feliz; en la ya un poco anticuada fórmula el mayor número de felicidades; en la extraña afirmación programática de que todo el mundo tiene derecho a la felicidad-; cuando se oye todo eso, entonces puede constituir una profunda sorpresa chocar con la inequívoca frase de que la suma felicidad del hombre se encuentran en la contemplación”

Josef Pieper,"El ocio y la vida intelectual"

Algo importante

“Mira, hija, has de darte cuenta de que a esta convivencia que es la vida, estamos todos invitados. O sea que cada uno de nosotros está puesto para y por algo, todos en el mismo derecho y todos hemos de convivir. Quien consigue admitir a cualquier persona con sus defectos y virtudes, ese es el más feliz en la tierra.”

MªJosé Ruiz Baixauli

Gustave Thibon

“….En efecto, la verdadera fidelidad consiste en hacer renacer indefinidamente lo que ha sido nacido una vez, estos pobres gérmenes de eternidad depositados por Dios en el tiempo, que la infidelidad rechaza y que la falsa fidelidad momifica. Los amantes de cambio dicen que sólo tienen encantos el nacimiento, pero lo que no es capaz de renacer no ha nacido nunca.

El gesto de coger la flor es tan virgen como el de echar simiente, y el que no sabe esperar la cosecha tampoco ha sabido nada de la alegría y amor del sembrador: simplemente ha extendido sus manos y se ha embriagado con su gesto, no ha sembrado…”

Gustave Thibon “La crisis moderna del amor”

lunes, 26 de mayo de 2008

Ayer mientras llovía



Esta imagen me recuerda a ese momento que se percibe interiormente cuando sabes que estás a punto de sacar todo lo que te atormenta y te reconcome por dentro pero bañado en irritación, cólera, desesperación, agotamiento, desconsuelo por no haber encontrado una solución a aquello que te atormentaba antes de que fuera inevitable expulsarlo. ¿Por qué costará tanto mantenerse callado, mantenerse inmune ante todas aquellas cosas externas que componen el día a día? Resulta una tarea excesivamente ardua e imposible de lograr para cualquier hombre, intentar sentirse indiferente ante lo que alborota a su alrededor. Una cruda y frustrante verdad, tan cierta como la vida misma.

En esos días en los que no quieres cruzarte con nadie. Aquellos días en los que te gustaría desaparecer, ser invisible ante las personas que parlotean sin cesar sobre todo tipo de variopintos y peculiares temas de conversación sobre los que tú te mantienes totalmente indiferente, no por nada, sino porque realmente no quieres interesarte por esas cosas. En ese momento solo quieres regocijarte en tu dolor, en ese malestar interior que atormenta tu alma con cada minuto que le dedicas. Una enorme y gigantesca masa de reproches y rencor acumulado que crece por minutos y bloquea los gestos de tu boca, impidiendo dibujar en tu rostro cualquier tipo de sonrisa o atisbo de felicidad. Creando de forma adversa el efecto contrario, tensando todos tus dóciles rasgos y convirtiéndolos en facciones duras, bruscas y violentas que reflejan tu tormento interior. El cual solo crece gracias a ti. Gracias a que sientes unas ganas inmensas de auto compadecerte sin pensar en nadie ni en nada más que no seas tú, tu y solo tú. En esto consiste el interior humano, en pensar en uno mismo abarcándolo todo en todo momento, lo de cada uno siempre tiene prioridad frente a lo de los demás y sobre todo actualmente, donde predomina la supervivencia del más fuerte, donde nadie te va ayudar a triunfar, sino que lo vas a tener que lograr tu solo, por tus propios medios. A través de esos medios que todo el mundo cree que posees pero de los que en verdad no te sientes dotado, pues no existen en ti.

Esto se convierte en otra pequeña y aparentemente inofensiva canica de frustración que se une a esa masa interior, a ese fluido de avaricia y egoísmo que empieza a ocupar tu ser por momentos. Es como cuando se derrama un líquido en un suelo de azulejos y éste entra en todos los recovecos que unen un adoquín con otro. De la misma forma, este sentimiento empieza a ocuparlo todo, sin dejar espacio a ningún otro tipo de sensación, pues en el ordinario día de hoy no has experimentado ninguna otra emoción que la supere. Por ello y sin intención alguna de luchar o combatir a esa masa pringosa que se apodera de tu ser en un día nublado, dejas que abarque todos los momentos del día. Dejas que en todo lo que haces no sea posible experimentar nada más que esa masa de frustración y dolor a la que se añade un sentimiento de asfixia por no poder quitártelo de encima. Pero es que en el fondo, tampoco quieres quitártelo porque desde tu equivocado punto de vista, te encuentras plenamente convencido de que estás en tu derecho de regocijarte en esos sentimientos, estás en tu derecho de encontrarte así porque ya estas harto de aguantarlo todo con buena cara sin tener ni una sola vía escapatoria por la que puedas expulsar lo que de verdad sientes en ese momento, simplemente porque tienes que sonreír, es tu deber y no cabe alternativa posible. “Pero no te quejes, es el camino que has elegido” piensas. Es cierto, lo sabes mejor que nadie, solo tú has elegido este tipo de tormento y lo que al principio acogiste con entusiasmo como un desafío, hoy se vuelve contra ti.

Hoy, un día aparentemente normal en el que n sale el sol porque no puedes sonreír. Te encuentras agotado, ahogado entre las cuatro paredes de tu casa que se aproximan paulatinamente intentando aplastarte como si fueras un melocotón. Te sientes, débil, pequeño, insignificante ante la globalización y la inmensidad del mundo. Te sientes inferior, inexistente, innecesario, un estorbo, algo que fue adherido en su momento pero que ahora ya no es necesario, una insignificante mota de polvo. Te sientes cansado, pesado, no puedes contigo mismo, todo pesa el doble y tú no tienes fuerzas para cargar con ese débil yugo ante la vista de todos pero que hoy se hace imposible para ti.

Parece increíble, realmente da vértigo, darse cuenta de cómo transforma la realidad la subjetividad del hombre, ese mundo interior que solo cada persona conoce. Esto es lo que crea la existencia ficticia de tantos e innumerables mundos a partir de la existencia real de uno solo.

Aparentemente una canción cualquiera


Hace un momento estaba recordando este videoclip. Me lo explicó una amiga mía hace poco y me encantó. No sé si sería por el tono cargado de emoción que empleaba al contármelo o porque realmente es buenísimo. Sus ojos brillaban como dos luceros en una noche oscura y sus brazos incapaces de permanecer inmóviles por la excitación, parecían recibir grandes descargas eléctricas, saltaba sin parar mientras la sonrisa de su rostro aumentaba de tamaño por momentos. Era una sensación increíble escucharla hablar. Me invadía un sentimiento de euforia incomprensible pues aún ni siquiera conocía el contenido de lo que me esperaba a continuación.

Posteriormente todo quedo aclarado, la euforia de mi compañera cobraba sentido para mí. Tras haber terminado de verlo provocó en ambas unos ligeros sollozos que intentamos esconder y ninguna quiso reconocer. Las dos comenzamos a gritar lo preciosísima que nos había parecido la canción, acompañado por carcajadas al darnos cuenta del ridículo que éramos a la par que nuestros ojos se cargaban de pequeñas lágrimas provocadas por la emoción.
Sin más preámbulo pasaré a intentar exponerlo con el mismo entusiasmo que mi amiga.

Las mujeres que aparecen en el comienzo, son griegas y desentierran algo que aún no alcanzamos a distinguir. La cantante sale del cuchitril donde se refugiaba y comienza a pasear por los suburbios de Berlín mientras sigue aun unicornio tan blanco como lo és una nube tras haber descargado toda su furia. Se trata de un fornido animal, robusto y de pura sangre. Tras un rato caminando entre la pobreza, el corcel acelera su paso y la mujer se ve obligada a correr tras él o de lo contrario lo perderá su rastro. Llegan a un frondoso bosque donde las copas de los arboles parecen rozar el cielo con sus delicadas ramas y en el que la desconcertada cantante busca impaciente su objetivo. Éste le conduce hasta una cabaña donde se encuentra la extraña figura que habían desenterrado las mujeres vestidas de luto. Nuestra protagonista comienza a lavarlo delicadamente con agua para poder desprenderlo del incrustado barro y poder descubrir el misterio. El enigma inconscientemente perseguido resulta ser un hombre, más concretamente, se trata de su marido.

Toda esta historia se encuentra cargada de un simbolismo que para mi hubiera pasado desapercibido si mi amiga nunca hubiera esclarecido el misterio. El unicornio simboliza los sueños de la mujer de pelo corto que camina con su micrófono. Se ve obligada a perseguirlos contra todo pronóstico, de lo contrario los perderá para siempre y con ellos la oportunidad de ser feliz. Al decidir ser fiel a los dictados de su corazón ellos le conducen hacia la tan anhelada y aparentemente escondida felicidad que se encuentra escondida bajo una apariencia indeterminada tras la que se descubre la fornida figura de su marido, al que siempre había tenido ahí pero oculto por el barro que hace referencia a los frutos de la rutina, los cuales le impedían valorar lo que tenía. Él era lo único que necesitaba para ser feliz y no lo sabía.

La rutina es el mayor enemigo para el amor, es capaz de matarlo y el hombre sin amor no es hombre. Necesita amar y sentirse amado. Necesita darse a los demás. Pues como dice Aristóteles “el hombre es un ser social por naturaleza”

¡Buenos dias!

domingo, 25 de mayo de 2008

Diez sonrisas

Cuando aún vivía con mi familia, en mi hogar, ese lugar entrañable que siempre ocupará una parte importantísima de mi pequeño pero tierno corazón, solía mantener largas y emocionantes tertulias con mi madre. Apasionados coloquios cargados de cariño y acompañados por lágrimas y sollozos pero que finalmente siempre terminaban en largas carcajadas. Para ser sincera, me veo obligada a admitir que se traban, en muchas ocasiones, de interminables monólogos en los que aburría a mi madre con mis historias de niña adolescente. A pesar de lo cargante que podía resultarle a ella, siempre escuchaba con una sonrisa en la cara, pero no una cualquiera. En realidad, a lo largo de mi exposición oral de las crónicas sobre mi día en el colegio, solía intercalar de forma instintiva –y sin ser consciente de ello- miles de variopintas y peculiares sonrisas.

La que más utilizaba es una que está siempre en su pecoso rostro. Se trata de un gesto dulce y delicado, parece increíble que con tan sólo un movimiento de sus músculos de la boca, sea capaz de transmitir tanta alegría y comprensión. Cuando le miras y descubres esta delicada mueca, una sensación extraña recorre todo tu cuerpo, te sientes bien, te sientes acogida, protegida y querida, incluso provoca esta sensación en personas que no la conocen. Se trata de una sonrisa increíble, como nunca he visto otra igual, consigue que te sientas capaz de comerte el mundo sólo por haberla descubierto. Quizás esté siendo algo exagerada, pero realmente esa es la sensación que provoca en mí la más común de las sonrisas de mi madre.

Sin embargo, posee muchas otras aún no mencionadas. Por ejemplo, utiliza una cuando escucha algo gracioso y ésta suele ir seguida de una ruidosa y contagiosa carcajada. En este tipo de sonrisa puedes observar los blanquecinos y perfectamente alineados dientes de mi bella madre.

Otro gesto que utiliza a lo largo de nuestros coloquios tiene lugar cuando ya se encuentra algo cansada. Aún en ese momento es capaz de regalar una suave y tierna sonrisa en la que mantiene la boca cerrada y no enseña ninguno de sus dientes. A pesar de la simplicidad de este movimiento, puedes percibir en él una gran carga de comprensión y cariño.

Incluso por muy contradictorio e insólito que parezca, también tiene una sonrisa para esos momentos en los que se ve obligada a corregirte en algo o simplemente está enfada. Resulta divertido observar cómo es incapaz de esconderla. En este caso es una gesto tímido y delicado el que transforma su rostro por completo y le hace perder autoridad, pero sin la cual mi madre no sería la misma.

Recuerdo otro tipo de sonrisa que tiene lugar cuando alguno de mis hermanos interrumpe mi emocionante interpretación de los hechos y ambos nos peleamos por el turno de palabra, por ser esa afortunada persona que acapare su atención. En ese momento de histeria, se vislumbra en su blanquecina tez un gesto de resignación, alegría y orgullo al contemplar a sus hijos. Se trata de una sonrisa ladeada hacia la izquierda. Sin embargo, tiene otra muy distinta para designar únicamente un sentimiento de orgullo a secas, y ésta es la más tímida de todas, a la que acompañan unos ojos especialmente achinados.
Podría pasarme un día entero para describirte las diez exquisitas y exclusivas sonrisas que tiene, pero aún así no terminarías de conocerlas hasta que no las vieras con tus propios ojos.

Lo que quiero decir con estos cariñosos detalles de mi madre es que ella siempre está ahí, siempre que la necesite estará ahí y cuando no la necesite, también. Siempre podré contar con su apoyo y comprensión, pero sobre todo con su tiempo. Sé que siempre que quiera hablar con ella, sea lo que sea, nos sentaremos en alguna parte de donde quiera que estemos, sacará un pitillo y para mí pedirá algo o me lo preparará ella misma. Cuando ya estemos listas, me dirá: “Bueno, Mary ¿cómo ha ido hoy?”. Y en ese momento en el que empiece la apacible charla con mi madre, todos los músculos de mi cuerpo se relajarán y desaparecerá todo atisbo de tensión en mí, por el simple hecho de saber que ella está ahí sentada justo en frente, escuchando cualquier tontería que tenga que decir. El caso es que siempre, siempre, siempre me escucha. No importa nada de lo que suceda a nuestro alrededor porque nunca dejará de hacerlo ni por un instante.

Muy pocas veces era capaz de valorar la importancia de este hecho cuando lo veía a diario, pero ahora que estoy lejos, lo echo en falta, a pesar de que seguimos manteniendo extensas conversaciones por teléfono. Ahora no puedo ver ninguna de sus diez sonrisas y las extraño todos los días.

Por fin entiendo la importancia de escuchar.

Pon una lupa en tu vida

En el capitulo leído se desarrollan varios temas de sumo interés a la vista de un aprendiz de sabio, que supongo que es a lo que aspiramos todos los que estudiamos esta carrera: aprender. Me gustaría tratar este tema con especial hincapié pues me resulta cómodamente cercano y de especial interés.

En el libro “El taller de la filosofía” se menciona la necesidad de aprender a contemplar de forma pausada. Y ante esto me veo en la obligación de mostrar mi postura a favor de dicho enunciado, ciertamente creo que es uno de los mejores métodos de aprendizaje. En verdad, me considero una persona a la que le queda mucho por ver en la vida, o por lo menos así lo espero, pero esto me hace pensar sobre el valor del ejemplo que me da mi familia. Siempre he pensado que si me preguntaran cómo quiero ser de mayor, respondería sin titubear y sin dar pie a cualquier otro indicio de duda, que mi mayor aspiración en la vida sería parecerme aunque fuera tan solo un atisbo a mis padres, con eso me bastaría.

Realmente puede parecer una aspiración débil y algo limitada, pero para mí no lo es. Quizá el problema sea que tengo la imagen de mis padres extremadamente idealizada y no lo niego, pues sería un grave error, pero también opino, desde una visión inexperta, que el hombre necesita motivaciones para avanzar en su aprendizaje y para mi, la figura de de mis padres y la felicidad que irradian es la mayor de las motivaciones.

Mi madre siempre me dice que es un planteamiento de vida equivocado puesto que no debo aspirar a ser como ellos sino que debo ser mejor y aunque resulte redundantemente engreído, creo firmemente que lo conseguiré pues ellos son los que me han otorgado los utensilios necesarios para alcanzar dicha meta y no dejar nunca de luchar por unos ideales que deben ir en aumento día a día. Muchas veces no comprenden mi conformismo ante sus ejemplares figuras e insiste humildemente en que no debo retener sus defectos, visión de la que discrepo. Ciertamente no quiero ver en mí los defectos de mis padres, pero me alegra haberlos visto en ellos, pues de lo contrario nunca hubiera sabido cómo evitarlos y aunque poseo vicios desgarradoramente peores que los de mis padres, espero no cometerlos y si alguna vez consigo mi objetivo, es gracias a ellos que me enseñaron con su vida un camino virtuoso.

Con razón, resulta un tema cursi que siempre consigue emocionarme, pues mis padres nunca han fardado de virtud ni mucho menos, pero gracias a una visión atenta y pausada he sido capaz de captar muchos aspectos de la vida de mis progenitores de los que ni siquiera ellos son conscientes, pues yo poseo la ventaja de una mirada objetiva ante sus vidas. Y echando un vistazo hacia atrás puedo afirmar rotundamente y con la cabeza erguida ante el orgullo que me invade, que la mayor fuente de conocimiento han sido, sin remedio alguno, mis padres.

Mas adelante el libro también menciona la destacada importancia que debe jugar en nuestras vidas el afán de conocimiento propio que consecuentemente nos conducirá hacia un anhelo incesante de autosuperación. Y es que, como bien sigue comentando el texto, cada uno no es como es, sino como quiere ser, y si hay algo en la vida que tengo claro es que quiero ser como mis padres incluso soberbiamente mejor, aunque ese es un concepto que me resulta difícil de concebir porque aun siendo consciente de mi subjetividad no puedo omitir que para mí no existe ni existirá nunca nadie mejor q mis padres, y esto es un hecho.

Pero volviendo al punto de partida cabe finalmente destacar que el aprendiz de sabio no solo aprende a progresar observando experiencias ajenas, sino que debe ser capaz de hacerlo fomentando su espontaneidad, reflexión y corazón. Curiosamente estas son cualidades que también he aprendido de mis progenitores. Sin embargo considero que cabe todavía otra cualidad por destacar. Mi padre en su profesión de artista me ha demostrado siempre un amor incondicional hacía y en su trabajo. Ama la vida y todo lo que ella conlleva; los paisajes y rasgos faciales que ante cualquier otro ojo humano resultan rutinarios e incluso aburridos, para mi padre son todo un mundo de belleza por descubrir y ello queda plasmado en sus obras. Realmente me gustaría poseer algo así en mi vida, pues lo considero indispensable para cualquier hombre, el ser capaz de asombrarse cada día por cosas q contemplamos a diario. Esto es algo que el filósofo tampoco debe descuidar pues a mi juicio personal, si carece de esta ilusión nunca llegará ni siquiera a ser aprendiz de sabio.

Hablame de ti

He de reconocer, lo mucho q me gustó el ensayo de Ana, ciertamente me conmovió muchísimo. Y no solo la historia sino también el estilo, fueron los culpables de que mi piel se transformara en duras escarpias y que un puntiagudo escalofrío como sime encontrara en el Polo Norte, recorriera mi cuerpo al escuchar palabras de cariño objetivo hacia la figura de su abuela. Al recordar esta reacción al final del día, me di cuenta de que lo que realmente me emociona y me gusta leer son las historias emotivas, narraciones sencillas y tiernas que hagan estremecer mi corazón y con dulces palabras sean capaces de dibujar en mí una sonrisa cada vez q acuden a mi cabeza. Por desgracia eso es algo difícil de conseguir y por esa misma razón se trata de un tesoro tan valioso. Impulsada por este mismo motivo me gustaría ser capaz de escribir cosas así, pequeños cofres de ilusión y alegría q encierren en ellos grandes joyas literarias capaces de hacer viajar al lector hasta lo mas profundo de ciertos sentimientos q ni siquiera era consciente de que podría experimentar.

Y para seguir rizando el rizo, ¿Cuántas veces has sido capaz de emocionarte tanto con una novela que no has podido de dejar el pañuelo ni por un segundo? Quizá tú tienes mas suerte que yo y eso te ha ocurrido ya en varias ocasiones, pero debo reconocer que en mi caso tan solo me ha ocurrido una vez. También es necesario aclarar que no soy una empedernida e insaciable lectora, pero por lo general estoy segura de que este es un fenómeno poco corriente en la sociedad actual. Puede ser que con tanta televisión sea cada vez mas difícil emocionarnos con una buena novela, pero resulta tan crudo y cierto como la vida misma que es mucho mas fácil y corriente emocionarnos con una buena película: esta claro que “una imagen vale mas que mil palabras” pues éstas siempre son más impactantes y penetrantes que un largo párrafo en el que la imaginación juega un papel crucial, sin embargo yo soy una de esas ilusas personas que piensan que una bonita palabra escogida en el preciso momento y en su contexto adecuado, cubierta por una suave capa de terciopelo, es capaz de cambiar el mundo entero. Eso es lo que a mi me gustaría ser capaz de hacer, puede ser que no lo logre nunca pues se trata de una ardua tarea en la que pocos autores han sido capaces de salir victoriosos, sin embargo creo que poder dominar el arte de una escritura emotiva desde cualquier punto de vista objetivo, es decir, ser capaz de aplatanar hasta el mas duro y frío de los corazones agrietados por las duras experiencias de la cruel vida, es un arte por el que merece la pena luchar hasta alcanzarlo.

Últimamente en mi casa vemos películas sin parar, resulta enfermiza la frecuencia adictiva con la que noche tras noche, después de cenar, una fiel amiga y yo nos plantamos en una habitación y sacrificamos dos horas de nuestro tiempo de descanso nocturno solo para vivir grandes aventuras y llorar con las desgracias o fortunas de otros personajes, filmografías capaces de hacernos viajar “hasta el infinito y más allá”. Y otras veces si no vemos películas, pasamos muchas más largas horas hablando de experiencias infantiles, compartiendo nuestros más íntimos secretos o simplemente informándonos las unas a las otras sobre nuestro monótono aunque increíble día de aventuras. El caso es que en ambas ocasiones somos capaces de emocionarnos y exaltarnos por vivencias ajenas, incluso cuando nosotras mismas contamos nuestro simple pero emocionante día en la universidad, cargado de risas y sollozos. Y es que otra forma de emocionarse son las vivencias personales, ahora mientras escribo este pequeño e insignificante ensayo, escucho una canción de los Pecos que dice así: “háblame de ti, de tu ansiedad, de la eternidad…”. Al escucharla relaciono estrechamente la amistad con la escritura emotiva, solo donde se establecen fuertes lazos de amor con otras personas se es capaz de llorar y reír como si de tus propias carnes se tratara. Que impresionantemente aferradores pueden llegar a ser esos lazos de amistad, pues bien, de eso se trata en la escritura emotiva, de crear unos lazos estrechamente vinculantes entre el lector y el personaje que se encamina inocente hacia el desconocido y peligroso matorral de la vida. Esta es una técnica a la que muchos escritores famosos recurren pero que aun y así, pocos son capaces de exprimir todo el jugo. Es cierto que es imposible que alguien se encariñe con un personaje al que desconocen, por ello es tan importante la descripción detallada de la personalidad del protagonista. Sin embargo esto es mucho mas difícil de lo que parece, pues no todos somos capaces de dibujar emociones sobre un papel, no con acuarelas, sino con palabras. Yo personalmente lo considero un don, algo innato en afortunadas personas y que mas tardíamente muy pocas son capaces de adquirir. Con esto no quiero desanimaros, ni mucho menos, aunque haya podido dar esa impresión, pero considero necesario que haya personas que se dediquen a intentarlo, y con la práctica y la experiencia puedan alcanzar la gloria de ser un gran escritor.

“Arduo y difícil es el camino joven padabuein” decía el gracioso y sabio Yoda en la saga de Star Wars, pero os aseguro que merece la pena. Espero toparme en un futuro cercano con alguna de vuestras novelas, y que sea capaz de estremecer mi corazón con una sola frase.

¿Cómo dibujar una sonrisa?

Está claro que hoy en día si no se ha publicado al menos un libro a lo largo de la vida o simplemente no se ha escrito nada en ningún medio de comunicación, nadie te recordara más de un corto mes. Qué triste y frio resulta escribir esto, pero es tan real como un suspiro. Sin embargo lo que inquieta no es el hecho de permanecer en el olvido, aunque francamente es un tema que aturde mis sentidos, pero ahora mismo y en mayor prioridad lo preocupante es no poder llegar a conocer nunca los pensamientos más profundos y escondidos de muchas personas que nunca se atrevieron que escribir. Qué lástima, cuánta belleza se ha perdido el mundo…He de reconocer con total sinceridad que yo me encuentro de ese grupo de personas que piensas que cada ser humano es un mundo totalmente diferente y exclusivo. Cada persona aparto algo en la vida y lo que aporta una nunca podrá aportarlo otra. En grandes rasgos esta es mi visión humanista, por ello considero de suma importancia que cada persona otorgue ese granito de arena que solo posee él.

Pero al leer el capítulo me aturdo. Cuando empecé el curso mi idea de escribir era estrictamente exclusivista y claro que era partidaria de escribir pero no de publicar. Sin embargo pienso que también yo tendré algo que aportar, supongo que no moverá montañas, pero quizás sea capaz de robar alguna sonrisa y no voy a mentir, robar se me da muy bien, dentro de ciertos ámbitos, sobre todo en la cocina de mi Colegio Mayor. Cabe la posibilidad de que no éste apuntando muy alto, pero ahora que lo pienso en frio me pregunto, ¿cuál es realmente la función de cualquier publicación? ¿Realmente que fin último de todas ellas es no caer en el más profundo de los olvidos? Desde la más tímida de mis opiniones me atrevo a rebatir dicha tesis y a defender la mía: El fin último de toda publicación, es ser capaz de esbozar una sonrisa en el sereno rostro de quien la lee.

Por muy triste que pueda volver a parecer, todos caeremos en el olvido tarde o temprano, pero las cosas que nunca se olvidan son aquellas que llegan al corazón y siempre permanecerán dentro de él. Porque no hay nada como una frase bonita que haga latir muy fuerte ese rutinario y aburrido corazón. Y porque si ves la vida tan bonita tienes el deber de hacérsela ver doblemente preciosa a los demás y que mejor manera de hacerlo que publicando tus pensamientos más alegres y simplemente tus pensamientos. Por esta razón me he vuelto partidaria de escribir ciertas tonterías que me rondan la cabeza a diario.

Aunque me queda un punto sin aclarar, pues claro que me he vuelto partidaria de publicar lo que llevo dentro, sin embargo debemos ser capaces de seleccionar lo mejor de nosotros mismos. A lo largo del día acuden a nuestra mente cantidad de ideas pero el hecho de que las tengas en tu interior y te corroan por dentro no significa que sean valiosas, pues no todas lo son. Por ello debemos desarrollar un espíritu crítico solido e implacable. Aunque cabe destacar una última posibilidad, y es que también puede ser que al desarrollar este cotizado espíritu crítico, te hayas dado cuenta de que realmente no tienes ni siquiera una sola idea buena. En este caso, debemos ser capaces de desarrollar cualquier idea con la mayor de las convicciones y poder de esta forma convencer al lector de que en realidad es una buena idea. Esto es a mi juicio, lo que se requiere para dibujar una dulce sonrisa.