domingo, 25 de mayo de 2008

¿Cómo dibujar una sonrisa?

Está claro que hoy en día si no se ha publicado al menos un libro a lo largo de la vida o simplemente no se ha escrito nada en ningún medio de comunicación, nadie te recordara más de un corto mes. Qué triste y frio resulta escribir esto, pero es tan real como un suspiro. Sin embargo lo que inquieta no es el hecho de permanecer en el olvido, aunque francamente es un tema que aturde mis sentidos, pero ahora mismo y en mayor prioridad lo preocupante es no poder llegar a conocer nunca los pensamientos más profundos y escondidos de muchas personas que nunca se atrevieron que escribir. Qué lástima, cuánta belleza se ha perdido el mundo…He de reconocer con total sinceridad que yo me encuentro de ese grupo de personas que piensas que cada ser humano es un mundo totalmente diferente y exclusivo. Cada persona aparto algo en la vida y lo que aporta una nunca podrá aportarlo otra. En grandes rasgos esta es mi visión humanista, por ello considero de suma importancia que cada persona otorgue ese granito de arena que solo posee él.

Pero al leer el capítulo me aturdo. Cuando empecé el curso mi idea de escribir era estrictamente exclusivista y claro que era partidaria de escribir pero no de publicar. Sin embargo pienso que también yo tendré algo que aportar, supongo que no moverá montañas, pero quizás sea capaz de robar alguna sonrisa y no voy a mentir, robar se me da muy bien, dentro de ciertos ámbitos, sobre todo en la cocina de mi Colegio Mayor. Cabe la posibilidad de que no éste apuntando muy alto, pero ahora que lo pienso en frio me pregunto, ¿cuál es realmente la función de cualquier publicación? ¿Realmente que fin último de todas ellas es no caer en el más profundo de los olvidos? Desde la más tímida de mis opiniones me atrevo a rebatir dicha tesis y a defender la mía: El fin último de toda publicación, es ser capaz de esbozar una sonrisa en el sereno rostro de quien la lee.

Por muy triste que pueda volver a parecer, todos caeremos en el olvido tarde o temprano, pero las cosas que nunca se olvidan son aquellas que llegan al corazón y siempre permanecerán dentro de él. Porque no hay nada como una frase bonita que haga latir muy fuerte ese rutinario y aburrido corazón. Y porque si ves la vida tan bonita tienes el deber de hacérsela ver doblemente preciosa a los demás y que mejor manera de hacerlo que publicando tus pensamientos más alegres y simplemente tus pensamientos. Por esta razón me he vuelto partidaria de escribir ciertas tonterías que me rondan la cabeza a diario.

Aunque me queda un punto sin aclarar, pues claro que me he vuelto partidaria de publicar lo que llevo dentro, sin embargo debemos ser capaces de seleccionar lo mejor de nosotros mismos. A lo largo del día acuden a nuestra mente cantidad de ideas pero el hecho de que las tengas en tu interior y te corroan por dentro no significa que sean valiosas, pues no todas lo son. Por ello debemos desarrollar un espíritu crítico solido e implacable. Aunque cabe destacar una última posibilidad, y es que también puede ser que al desarrollar este cotizado espíritu crítico, te hayas dado cuenta de que realmente no tienes ni siquiera una sola idea buena. En este caso, debemos ser capaces de desarrollar cualquier idea con la mayor de las convicciones y poder de esta forma convencer al lector de que en realidad es una buena idea. Esto es a mi juicio, lo que se requiere para dibujar una dulce sonrisa.

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