jueves, 29 de mayo de 2008

La felicidad del hombre actual

“Cuando se considera lo que los hombres, por término medio, quieren decir al hablar de felicidad – en los deseos que unos a otros se expresan con ocasión de bodas, onomásticas, en las despedidas, por Año Nuevo (¡Feliz Año Nuevo!), en las numerosas historias que se ofrecen al lector, al espectador, al oyente, al consumidor por la industria de esparcimientos, en las que se habla de una felicidad conminada, envidiada y finalmente conquistada, en las canciones, que no dejan lugar a dudas sobre lo que significa hacer a un hombre feliz; en la ya un poco anticuada fórmula el mayor número de felicidades; en la extraña afirmación programática de que todo el mundo tiene derecho a la felicidad-; cuando se oye todo eso, entonces puede constituir una profunda sorpresa chocar con la inequívoca frase de que la suma felicidad del hombre se encuentran en la contemplación”

Josef Pieper,"El ocio y la vida intelectual"

Algo importante

“Mira, hija, has de darte cuenta de que a esta convivencia que es la vida, estamos todos invitados. O sea que cada uno de nosotros está puesto para y por algo, todos en el mismo derecho y todos hemos de convivir. Quien consigue admitir a cualquier persona con sus defectos y virtudes, ese es el más feliz en la tierra.”

MªJosé Ruiz Baixauli

Gustave Thibon

“….En efecto, la verdadera fidelidad consiste en hacer renacer indefinidamente lo que ha sido nacido una vez, estos pobres gérmenes de eternidad depositados por Dios en el tiempo, que la infidelidad rechaza y que la falsa fidelidad momifica. Los amantes de cambio dicen que sólo tienen encantos el nacimiento, pero lo que no es capaz de renacer no ha nacido nunca.

El gesto de coger la flor es tan virgen como el de echar simiente, y el que no sabe esperar la cosecha tampoco ha sabido nada de la alegría y amor del sembrador: simplemente ha extendido sus manos y se ha embriagado con su gesto, no ha sembrado…”

Gustave Thibon “La crisis moderna del amor”

lunes, 26 de mayo de 2008

Ayer mientras llovía



Esta imagen me recuerda a ese momento que se percibe interiormente cuando sabes que estás a punto de sacar todo lo que te atormenta y te reconcome por dentro pero bañado en irritación, cólera, desesperación, agotamiento, desconsuelo por no haber encontrado una solución a aquello que te atormentaba antes de que fuera inevitable expulsarlo. ¿Por qué costará tanto mantenerse callado, mantenerse inmune ante todas aquellas cosas externas que componen el día a día? Resulta una tarea excesivamente ardua e imposible de lograr para cualquier hombre, intentar sentirse indiferente ante lo que alborota a su alrededor. Una cruda y frustrante verdad, tan cierta como la vida misma.

En esos días en los que no quieres cruzarte con nadie. Aquellos días en los que te gustaría desaparecer, ser invisible ante las personas que parlotean sin cesar sobre todo tipo de variopintos y peculiares temas de conversación sobre los que tú te mantienes totalmente indiferente, no por nada, sino porque realmente no quieres interesarte por esas cosas. En ese momento solo quieres regocijarte en tu dolor, en ese malestar interior que atormenta tu alma con cada minuto que le dedicas. Una enorme y gigantesca masa de reproches y rencor acumulado que crece por minutos y bloquea los gestos de tu boca, impidiendo dibujar en tu rostro cualquier tipo de sonrisa o atisbo de felicidad. Creando de forma adversa el efecto contrario, tensando todos tus dóciles rasgos y convirtiéndolos en facciones duras, bruscas y violentas que reflejan tu tormento interior. El cual solo crece gracias a ti. Gracias a que sientes unas ganas inmensas de auto compadecerte sin pensar en nadie ni en nada más que no seas tú, tu y solo tú. En esto consiste el interior humano, en pensar en uno mismo abarcándolo todo en todo momento, lo de cada uno siempre tiene prioridad frente a lo de los demás y sobre todo actualmente, donde predomina la supervivencia del más fuerte, donde nadie te va ayudar a triunfar, sino que lo vas a tener que lograr tu solo, por tus propios medios. A través de esos medios que todo el mundo cree que posees pero de los que en verdad no te sientes dotado, pues no existen en ti.

Esto se convierte en otra pequeña y aparentemente inofensiva canica de frustración que se une a esa masa interior, a ese fluido de avaricia y egoísmo que empieza a ocupar tu ser por momentos. Es como cuando se derrama un líquido en un suelo de azulejos y éste entra en todos los recovecos que unen un adoquín con otro. De la misma forma, este sentimiento empieza a ocuparlo todo, sin dejar espacio a ningún otro tipo de sensación, pues en el ordinario día de hoy no has experimentado ninguna otra emoción que la supere. Por ello y sin intención alguna de luchar o combatir a esa masa pringosa que se apodera de tu ser en un día nublado, dejas que abarque todos los momentos del día. Dejas que en todo lo que haces no sea posible experimentar nada más que esa masa de frustración y dolor a la que se añade un sentimiento de asfixia por no poder quitártelo de encima. Pero es que en el fondo, tampoco quieres quitártelo porque desde tu equivocado punto de vista, te encuentras plenamente convencido de que estás en tu derecho de regocijarte en esos sentimientos, estás en tu derecho de encontrarte así porque ya estas harto de aguantarlo todo con buena cara sin tener ni una sola vía escapatoria por la que puedas expulsar lo que de verdad sientes en ese momento, simplemente porque tienes que sonreír, es tu deber y no cabe alternativa posible. “Pero no te quejes, es el camino que has elegido” piensas. Es cierto, lo sabes mejor que nadie, solo tú has elegido este tipo de tormento y lo que al principio acogiste con entusiasmo como un desafío, hoy se vuelve contra ti.

Hoy, un día aparentemente normal en el que n sale el sol porque no puedes sonreír. Te encuentras agotado, ahogado entre las cuatro paredes de tu casa que se aproximan paulatinamente intentando aplastarte como si fueras un melocotón. Te sientes, débil, pequeño, insignificante ante la globalización y la inmensidad del mundo. Te sientes inferior, inexistente, innecesario, un estorbo, algo que fue adherido en su momento pero que ahora ya no es necesario, una insignificante mota de polvo. Te sientes cansado, pesado, no puedes contigo mismo, todo pesa el doble y tú no tienes fuerzas para cargar con ese débil yugo ante la vista de todos pero que hoy se hace imposible para ti.

Parece increíble, realmente da vértigo, darse cuenta de cómo transforma la realidad la subjetividad del hombre, ese mundo interior que solo cada persona conoce. Esto es lo que crea la existencia ficticia de tantos e innumerables mundos a partir de la existencia real de uno solo.

Aparentemente una canción cualquiera


Hace un momento estaba recordando este videoclip. Me lo explicó una amiga mía hace poco y me encantó. No sé si sería por el tono cargado de emoción que empleaba al contármelo o porque realmente es buenísimo. Sus ojos brillaban como dos luceros en una noche oscura y sus brazos incapaces de permanecer inmóviles por la excitación, parecían recibir grandes descargas eléctricas, saltaba sin parar mientras la sonrisa de su rostro aumentaba de tamaño por momentos. Era una sensación increíble escucharla hablar. Me invadía un sentimiento de euforia incomprensible pues aún ni siquiera conocía el contenido de lo que me esperaba a continuación.

Posteriormente todo quedo aclarado, la euforia de mi compañera cobraba sentido para mí. Tras haber terminado de verlo provocó en ambas unos ligeros sollozos que intentamos esconder y ninguna quiso reconocer. Las dos comenzamos a gritar lo preciosísima que nos había parecido la canción, acompañado por carcajadas al darnos cuenta del ridículo que éramos a la par que nuestros ojos se cargaban de pequeñas lágrimas provocadas por la emoción.
Sin más preámbulo pasaré a intentar exponerlo con el mismo entusiasmo que mi amiga.

Las mujeres que aparecen en el comienzo, son griegas y desentierran algo que aún no alcanzamos a distinguir. La cantante sale del cuchitril donde se refugiaba y comienza a pasear por los suburbios de Berlín mientras sigue aun unicornio tan blanco como lo és una nube tras haber descargado toda su furia. Se trata de un fornido animal, robusto y de pura sangre. Tras un rato caminando entre la pobreza, el corcel acelera su paso y la mujer se ve obligada a correr tras él o de lo contrario lo perderá su rastro. Llegan a un frondoso bosque donde las copas de los arboles parecen rozar el cielo con sus delicadas ramas y en el que la desconcertada cantante busca impaciente su objetivo. Éste le conduce hasta una cabaña donde se encuentra la extraña figura que habían desenterrado las mujeres vestidas de luto. Nuestra protagonista comienza a lavarlo delicadamente con agua para poder desprenderlo del incrustado barro y poder descubrir el misterio. El enigma inconscientemente perseguido resulta ser un hombre, más concretamente, se trata de su marido.

Toda esta historia se encuentra cargada de un simbolismo que para mi hubiera pasado desapercibido si mi amiga nunca hubiera esclarecido el misterio. El unicornio simboliza los sueños de la mujer de pelo corto que camina con su micrófono. Se ve obligada a perseguirlos contra todo pronóstico, de lo contrario los perderá para siempre y con ellos la oportunidad de ser feliz. Al decidir ser fiel a los dictados de su corazón ellos le conducen hacia la tan anhelada y aparentemente escondida felicidad que se encuentra escondida bajo una apariencia indeterminada tras la que se descubre la fornida figura de su marido, al que siempre había tenido ahí pero oculto por el barro que hace referencia a los frutos de la rutina, los cuales le impedían valorar lo que tenía. Él era lo único que necesitaba para ser feliz y no lo sabía.

La rutina es el mayor enemigo para el amor, es capaz de matarlo y el hombre sin amor no es hombre. Necesita amar y sentirse amado. Necesita darse a los demás. Pues como dice Aristóteles “el hombre es un ser social por naturaleza”

¡Buenos dias!

domingo, 25 de mayo de 2008

Diez sonrisas

Cuando aún vivía con mi familia, en mi hogar, ese lugar entrañable que siempre ocupará una parte importantísima de mi pequeño pero tierno corazón, solía mantener largas y emocionantes tertulias con mi madre. Apasionados coloquios cargados de cariño y acompañados por lágrimas y sollozos pero que finalmente siempre terminaban en largas carcajadas. Para ser sincera, me veo obligada a admitir que se traban, en muchas ocasiones, de interminables monólogos en los que aburría a mi madre con mis historias de niña adolescente. A pesar de lo cargante que podía resultarle a ella, siempre escuchaba con una sonrisa en la cara, pero no una cualquiera. En realidad, a lo largo de mi exposición oral de las crónicas sobre mi día en el colegio, solía intercalar de forma instintiva –y sin ser consciente de ello- miles de variopintas y peculiares sonrisas.

La que más utilizaba es una que está siempre en su pecoso rostro. Se trata de un gesto dulce y delicado, parece increíble que con tan sólo un movimiento de sus músculos de la boca, sea capaz de transmitir tanta alegría y comprensión. Cuando le miras y descubres esta delicada mueca, una sensación extraña recorre todo tu cuerpo, te sientes bien, te sientes acogida, protegida y querida, incluso provoca esta sensación en personas que no la conocen. Se trata de una sonrisa increíble, como nunca he visto otra igual, consigue que te sientas capaz de comerte el mundo sólo por haberla descubierto. Quizás esté siendo algo exagerada, pero realmente esa es la sensación que provoca en mí la más común de las sonrisas de mi madre.

Sin embargo, posee muchas otras aún no mencionadas. Por ejemplo, utiliza una cuando escucha algo gracioso y ésta suele ir seguida de una ruidosa y contagiosa carcajada. En este tipo de sonrisa puedes observar los blanquecinos y perfectamente alineados dientes de mi bella madre.

Otro gesto que utiliza a lo largo de nuestros coloquios tiene lugar cuando ya se encuentra algo cansada. Aún en ese momento es capaz de regalar una suave y tierna sonrisa en la que mantiene la boca cerrada y no enseña ninguno de sus dientes. A pesar de la simplicidad de este movimiento, puedes percibir en él una gran carga de comprensión y cariño.

Incluso por muy contradictorio e insólito que parezca, también tiene una sonrisa para esos momentos en los que se ve obligada a corregirte en algo o simplemente está enfada. Resulta divertido observar cómo es incapaz de esconderla. En este caso es una gesto tímido y delicado el que transforma su rostro por completo y le hace perder autoridad, pero sin la cual mi madre no sería la misma.

Recuerdo otro tipo de sonrisa que tiene lugar cuando alguno de mis hermanos interrumpe mi emocionante interpretación de los hechos y ambos nos peleamos por el turno de palabra, por ser esa afortunada persona que acapare su atención. En ese momento de histeria, se vislumbra en su blanquecina tez un gesto de resignación, alegría y orgullo al contemplar a sus hijos. Se trata de una sonrisa ladeada hacia la izquierda. Sin embargo, tiene otra muy distinta para designar únicamente un sentimiento de orgullo a secas, y ésta es la más tímida de todas, a la que acompañan unos ojos especialmente achinados.
Podría pasarme un día entero para describirte las diez exquisitas y exclusivas sonrisas que tiene, pero aún así no terminarías de conocerlas hasta que no las vieras con tus propios ojos.

Lo que quiero decir con estos cariñosos detalles de mi madre es que ella siempre está ahí, siempre que la necesite estará ahí y cuando no la necesite, también. Siempre podré contar con su apoyo y comprensión, pero sobre todo con su tiempo. Sé que siempre que quiera hablar con ella, sea lo que sea, nos sentaremos en alguna parte de donde quiera que estemos, sacará un pitillo y para mí pedirá algo o me lo preparará ella misma. Cuando ya estemos listas, me dirá: “Bueno, Mary ¿cómo ha ido hoy?”. Y en ese momento en el que empiece la apacible charla con mi madre, todos los músculos de mi cuerpo se relajarán y desaparecerá todo atisbo de tensión en mí, por el simple hecho de saber que ella está ahí sentada justo en frente, escuchando cualquier tontería que tenga que decir. El caso es que siempre, siempre, siempre me escucha. No importa nada de lo que suceda a nuestro alrededor porque nunca dejará de hacerlo ni por un instante.

Muy pocas veces era capaz de valorar la importancia de este hecho cuando lo veía a diario, pero ahora que estoy lejos, lo echo en falta, a pesar de que seguimos manteniendo extensas conversaciones por teléfono. Ahora no puedo ver ninguna de sus diez sonrisas y las extraño todos los días.

Por fin entiendo la importancia de escuchar.